domingo, 9 de julio de 2017

Evangelio del Día - 9/7/2017

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Día litúrgico: Domingo XIV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 11,25-30): En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

»Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»

P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat
(Montserrat, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos muestra dos realidades que le definen: que Él es quien conoce al Padre con toda la profundidad y que Él es «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29). También podemos descubrir ahí dos actitudes necesarias para poder entender y vivir lo que Jesús nos ofrece: la sencillez y el deseo de acercarnos a Él.

A los sabios y entendidos frecuentemente les es difícil entrar en el misterio del Reino, porque no están abiertos a la novedad de la revelación divina; Dios no deja de manifestarse, pero ellos creen que ya lo saben todo y, por tanto, Dios ya no les puede sorprender. Los sencillos, en cambio, como los niños en sus mejores momentos, son receptivos, son como una esponja que absorbe el agua, tienen capacidad de sorpresa y de admiración. También hay excepciones, e incluso, hay expertos en ciencias humanas que pueden ser humildes por lo que al conocimiento de Dios se refiere.

En el Padre, Jesús encuentra su reposo, y su paz puede ser refugio para todos aquellos que han sido maleados por la vida: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso» (Mt 11,28). Jesús es humilde, y la humildad es hermana de la sencillez. Cuando aprendemos a ser felices a través de la sencillez, entonces muchas complicaciones se deshacen, muchas necesidades desaparecen, y al fin podemos reposar. Jesús nos invita a seguirlo; no nos engaña: estar con Él es llevar su yugo, asumir la exigencia del amor. No se nos ahorrará el sufrimiento, pero su carga es ligera, porque nuestro sufrimiento no nos vendrá a causa de nuestro egoísmo, sino que sufriremos sólo lo que nos sea necesario y basta, por amor y con la ayuda del Espíritu. Además, no olvidemos, «las tribulaciones que se sufren por Dios quedan suavizadas por la esperanza» (San Efrén).

REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

Niño paralítico
Buenos días, amigo/a

La gente sencilla intuye que los hombres de Dios tienen acceso al divino poder y le arrancan milagros. Son hombres de oración y viven el amor cristiano a la perfección. Por eso los santos se vieron rodeados de gente apremiada por situaciones dolorosas que les pedían intercesión ante Dios para remediar sus males. Así le pasó una vez a un santo monje del desierto.

Un hombre, en Egipto, tenía un hijo paralítico. Con el niño en los brazos partió al desierto hasta la celda del santo abad Macario. Lo abandonó junto a la puerta y se fue. El niño asustado empezó a llorar. Cuando el anciano monje salió, encontró al niño e inclinándose hacia él, le preguntó: —¿Quién te trajo hasta aquí? El pequeño respondió: —Mi padre, él me arrojó aquí y se fue. Macario le dijo entonces: —Levántate y ve a buscarlo. Curado allí mismo, el niño se puso de pie, buscó a su padre y regresaron juntos a su casa.

El padre del niño había llevado con sacrificio a través del desierto a su hijo maltrecho. Con un gesto bien significativo lo dejó a la entrada de la celda del santo, como diciéndole: “Si no lo curas, hazte cargo tú de cuidarlo, mantenerlo, ya no puedo más”. Esta dura situación del padre fue captada al instante por el abad. Y se produjo el milagro para gloria de Dios. P. Natalio.

Santoral del Día:   

SANTA PAULINA DEL CORAZON AGONIZANTE DE JESUS


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