sábado, 9 de septiembre de 2017

Evangelio del Día - 9/9/2017

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Día litúrgico: Sábado XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 6,1-5): Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?». Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?». Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

«El Hijo del hombre es señor del sábado»

Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME
(Ikenanzizi, Nigeria)

Hoy, ante la acusación de los fariseos, Jesús explica el sentido correcto del descanso sabático, invocando un ejemplo del Antiguo Testamento (cf. Dt 23,26): «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, (...), y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?» (Lc 6,3-4).

La conducta de David anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento, Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley, de modo que los de menor rango ceden ante los principales.

A la luz de esto, se explica que un precepto ceremonial (como el que comentamos) cediese ante un precepto de ley natural. Igualmente, el precepto del sábado no está por encima de las necesidades elementales de subsistencia.

En este pasaje, Cristo enseña cuál era el sentido de la institución divina del sábado: Dios lo había instituido en bien del hombre, para que pudiera descansar y dedicarse con paz y alegría al culto divino. La interpretación de los fariseos había convertido este día en ocasión de angustia y preocupación a causa de la multitud de prescripciones y prohibiciones.

El sábado había sido hecho no sólo para que el hombre descansara, sino también para que diera gloria a Dios: éste es el auténtico sentido de la expresión «el sábado fue hecho para el hombre» (Mc 2,27).

Además, al declararse “señor del sábado” (cf. Lc 6,5), manifiesta abiertamente que Él es el mismo Dios que dio el precepto al pueblo de Israel, afirmando así su divinidad y su poder universal. Por esta razón, puede establecer otras leyes, igual que Yahvé en el Antiguo Testamento. Jesús bien puede llamarse “señor del sábado”, porque es Dios.

Pidámosle ayuda a la Virgen para creer y entender que el sábado pertenece a Dios y es un modo —adaptado a la naturaleza humana— de rendir gloria y honor al Todopoderoso. Como ha escrito San Juan Pablo II, «el descanso es una cosa “sagrada”» y ocasión para «tomar conciencia de que todo es obra de Dios».

REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

Invocar al Señor
Buenos días, amigo/a.

Con frecuencia en los salmos encontramos esta invocación: “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme”. Es un llamado al poder y a la misericordia del Señor para que nos saque de un peligro sea material o espiritual. A los peligros espirituales los llamamos “tentaciones”, a saber, incitaciones externas o internas al pecado. Lee esta anécdota.

Contó el abad Elías que un anciano vivía en un templo abandonado. Vinieron entonces a verlo los demonios, y le decían: "Vete de nuestra casa". Dijo el anciano: "Vosotros no tenéis casa". Entonces los demonios empezaron a dispersarle todas las ramas de palma. El anciano las recogió pacientemente. Al final, tomándole la mano, un demonio lo arrastraba fuera del templo. El anciano, llegado a la puerta, se agarró a ella con la otra mano y gritó: "¡Jesús, ayúdame!". Y el demonio huyó al instante. El viejo se puso a llorar. Pero el Señor le dijo: "¿Por qué lloras?". Contestó el anciano: "Porque se atreven a apoderarse de un hombre y hacer tales cosas". Dijo el Señor: "Te has mostrado negligente, fíjate que me he dejado encontrar apenas me has buscado”.

Jesús está siempre listo. Es Dios y por lo tanto su poder y compasión son ilimitados. Los peligros y tentaciones te ofrecen la ocasión para vivir la fe en el Señor, acrecentar la humildad y expresarle tu gratitud. Son oportunidad de crecimiento. Aprovéchalos, pero no los busques. “El que busca el peligro, en él perecerá”. Sé valiente, ten ánimo; espera en el Señor. P. Natalio.

Santoral del Día:  SAN PEDRO CLAVER


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