Día litúrgico: Lunes I de Adviento
Santoral 3 de Diciembre: San Francisco Javier, presbítero
Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Mt 8,5-11): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace».
Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos».
«Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)
Hoy, Cafarnaúm es nuestra ciudad y nuestro pueblo, donde hay personas enfermas, conocidas unas, anónimas otras, frecuentemente olvidadas a causa del ritmo frenético que caracteriza a la vida actual: cargados de trabajo, vamos corriendo sin parar y sin pensar en aquellos que, por razón de su enfermedad o de otra circunstancia, quedan al margen y no pueden seguir este ritmo. Sin embargo, Jesús nos dirá un día: «Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40). El gran pensador Blaise Pascal recoge esta idea cuando afirma que «Jesucristo, en sus fieles, se encuentra en la agonía de Getsemaní hasta el final de los tiempos».
El centurión de Cafarnaúm no se olvida de su criado postrado en el lecho, porque lo ama. A pesar de ser más poderoso y de tener más autoridad que su siervo, el centurión agradece todos sus años de servicio y le tiene un gran aprecio. Por esto, movido por el amor, se dirige a Jesús, y en la presencia del Salvador hace una extraordinaria confesión de fe, recogida por la liturgia Eucarística: «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa: di una sola palabra y mi criado quedará curado» (cf. Mt 8,8). Esta confesión se fundamenta en la esperanza; brota de la confianza puesta en Jesucristo, y a la vez también de su sentimiento de indignidad personal, que le ayuda a reconocer su propia pobreza.
Sólo nos podemos acercar a Jesucristo con una actitud humilde, como la del centurión. Así podremos vivir la esperanza del Adviento: esperanza de salvación y de vida, de reconciliación y de paz. Solamente puede esperar aquel que reconoce su pobreza y es capaz de darse cuenta de que el sentido de su vida no está en él mismo, sino en Dios, poniéndose en las manos del Señor. Acerquémonos con confianza a Cristo y, a la vez, hagamos nuestra la oración del centurión.
REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:
El principito y el zorro
Buenos días, amigo/a.
Las celebraciones —en el hogar, en la escuela, en la iglesia— exigen una adecuada preparación. Proyectan así con anterioridad el clima y los valores que se van a festejar. Esto marca las celebraciones con un halo especial que ayuda a vivirlas con más provecho y profundidad. Hoy la Iglesia comienza Adviento para preparar la próxima Navidad.
El principito llegó temprano. “Mejor sería venir siempre a la misma hora”, dijo el zorro. Si tú vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres yo empezaría a ser feliz. Y cuanto más cerca esté la hora, tanto más feliz seré. Pero si vienes a cualquier hora, no sabré cuándo disponer mi corazón. Es necesario un rito”. “¿Qué es un rito?”, preguntó el principito. “Pues es algo demasiado olvidado”, dijo el zorro. “Es lo que hace que un día sea diferente de otro; que una hora sea distinta de las demás. Los leñadores tienen un rito. Ellos bailan los jueves con las chicas del pueblo. El jueves es para ellos un día maravilloso. Si bailaran cualquier día, no esperarían el jueves como un día de vacación y alegría”. (A. de Saint Exupéry).
Adviento es un tiempo oportuno para vivir con intensidad la venida histórica de Jesús: Dios que irrumpe en nuestra vida y asume nuestra humilde condición humana para levantarnos a alturas desconocidas. La vivencia del Adviento consiste en un fuerte anhelo de que Dios venga, nos acompañe y nos enseñe a vivir su amor con más apertura y calidad. P. Natalio.
Santoral del Día: SAN FRANCISCO JAVIER
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