lunes, 29 de abril de 2024

EVANGELIO DEL DIA MARTES 30 DE ABRIL DE 2024

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https://youtu.be/cKIG4mKOjWY


MARTES 5 DE PASCUA


Texto del Evangelio (Jn 14,27-31a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».

«Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo»


Rev. D. Enric CASES i Martín

(Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos habla indirectamente de la cruz: nos dejará la paz, pero al precio de su dolorosa salida de este mundo. Hoy leemos sus palabras dichas antes del sacrificio de la Cruz y que fueron escritas después de su Resurrección. En la Cruz, con su muerte venció a la muerte y al miedo. No nos da la paz «como la da el mundo» (cf. Jn 14,27), sino que lo hace pasando por el dolor y la humillación: así demostró su amor misericordioso al ser humano.

En la vida de los hombres es inevitable el sufrimiento, a partir del día en que el pecado entró en el mundo. Unas veces es dolor físico; otras, moral; en otras ocasiones se trata de un dolor espiritual..., y a todos nos llega la muerte. Pero Dios, en su infinito amor, nos ha dado el remedio para tener paz en medio del dolor: Él ha aceptado “marcharse” de este mundo con una “salida” sufriente y envuelta de serenidad.

¿Por qué lo hizo así? Porque, de este modo, el dolor humano —unido al de Cristo— se convierte en un sacrificio que salva del pecado. «En la Cruz de Cristo (...), el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido» (San Juan Pablo II). Jesucristo sufre con serenidad porque complace al Padre celestial con un acto de costosa obediencia, mediante el cual se ofrece voluntariamente por nuestra salvación.

Un autor desconocido del siglo II pone en boca de Cristo las siguientes palabras: «Mira los salivazos de mi rostro, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido».


MEMORIAS Y REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO.

Cuando callas

Buenos días, amigo/a.

Guardar silencio puede ser una muestra de sabiduría y prudencia, pero también un signo de temor y complicidad. Aunque no lo quieras, cuando callas hablas bien claro de ti mismo. Al callar un secreto, pones en evidencia la fidelidad para con tu amigo. Cuando callas tu propio dolor, pienso en tu fortaleza.

Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto. Cuando callas ante la injusticia, revelas tu miedo y tu complicidad. Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio. Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría. Cuando callas ante los fuertes y poderosos, revelas tu temor y cobardía. Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia. Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza.

Sí, hablar es fácil, pero callar requiere prudencia y dominio. Hablar oportunamente, es acierto. Hablar ante una injusticia, es valentía. Hablar para rectificar, es un deber. Hablar para defender, es compasión. Hablar ante un dolor, es consolar. Hablar para ayudar a otros, es caridad.  Discierne con rectitud. P. Natalio.


Santoral del Día: SAN PIO V, PAPA



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