sábado, 15 de junio de 2024

EVANGELIO DEL DIA DOMINGO 16 DE JUNIO DE 2024

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https://youtu.be/z2mEWpZHCgg


DOMINGO 11 DEL TIEMPO ORDINARIO


Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra»


Fr. Faust BAILO

(Toronto, Canadá)

Hoy, Jesús nos ofrece dos imágenes de gran intensidad espiritual: la parábola del crecimiento de la semilla y la parábola del grano de mostaza. Son imágenes de la vida ordinaria que resultaban familiares a los hombres y mujeres que le escuchan, acostumbrados como estaban a sembrar, regar y cosechar. Jesús utiliza algo que les era conocido —la agricultura— para ilustrarles sobre algo que no les era tan conocido: el Reino de Dios.

Efectivamente, el Señor les revela algo de su reino espiritual. En la primera parábola les dice: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra» (Mc 4,26). E introduce la segunda diciendo: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios (…)? Es como un grano de mostaza» (Mc 4,30).

La mayor parte de nosotros tenemos ya poco en común con los hombres y mujeres del tiempo de Jesús y, sin embargo, estas parábolas siguen resonando en nuestras mentes modernas, porque detrás del sembrar la semilla, del regar y cosechar, intuimos lo que Jesús nos está diciendo: Dios ha injertado algo divino en nuestros corazones humanos.

¿Qué es el Reino de Dios? «Es Jesús mismo», nos recuerda Benedicto XVI. Y nuestra alma «es el lugar esencial donde se encuentra el Reino de Dios». ¡Dios quiere vivir y crecer en nuestro interior! Busquemos la sabiduría de Dios y obedezcamos sus insinuaciones interiores; si lo hacemos, entonces nuestra vida adquirirá una fuerza e intensidad difíciles de imaginar.

Si correspondemos pacientemente a su gracia, su vida divina crecerá en nuestra alma como la semilla crece en el campo, tal como el místico medieval Meister Eckhart expresó bellamente: «La semilla de Dios está en nosotros. Si el agricultor es inteligente y trabajador, crecerá para ser Dios, cuya semilla es; sus frutos serán de la naturaleza de Dios. La semilla de la pera se vuelve árbol de pera; la semilla de la nuez, árbol de nuez; la semilla de Dios se vuelve Dios».


MEMORIAS Y REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

Dios es fiel a su amor

Buenos días, amigo/a.

iDios está enfermo! La enfermedad de Dios es su amor por el hombre. Esta enfermedad, en Dios, es incurable. Frente a los rechazos e infidelidades, Dios no retira, ni siquiera atenúa su amor, lo multiplica. Amigo/a, este mensaje bíblico, sobre el amor eterno de Dios, es la verdad clave de nuestra fe.

El hombre salvado por Dios debe, libremente, aceptar esta salvación. Dios no nos salva “por decreto de necesidad y urgencia”. En nuestras manos está admitir o rehusar la sangre salvadora de Jesús, y obrar en consecuencia. El sol allí está para iluminar, calentar, dar vida. Nosotros podemos permanecer encerrados en una habitación con las ventanas clausuradas. Para que se inunde nuestra vida de la luz de la verdad y el calor del amor de Dios, hay que abrir las ventanas de la mente y el corazón. (Aportes para la Celebración).

Con todo, el hombre se niega, rechaza, se resiste. Aún así, Dios da siempre más. Dios se juega entero. Dios está enfermo, loco de amor. Dios es fiel a su amor. El evangelio es terminante: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él tenga la vida eterna”. Abre tu corazón y acepta el amor del Señor. P. Natalio.


Santoral del Día: SAN JUAN FRANCISCO DE REGIS



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