martes, 23 de junio de 2020

Evangelio del Día miércoles - 24/06/2020

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Día litúrgico: 24 de Junio: El Nacimiento de san Juan Bautista

Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 1,57-66.80): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

«El niño crecía y su espíritu se fortalecía»

Rev. D. Joan MARTÍNEZ Porcel
(Barcelona, España)

Hoy, celebramos solemnemente el nacimiento del Bautista. San Juan es un hombre de grandes contrastes: vive el silencio del desierto, pero desde allí mueve las masas y las invita con voz convincente a la conversión; es humilde para reconocer que él tan sólo es la voz, no la Palabra, pero no tiene pelos en la lengua y es capaz de acusar y denunciar las injusticias incluso a los mismos reyes; invita a sus discípulos a ir hacia Jesús, pero no rechaza conversar con el rey Herodes mientras está en prisión. Silencioso y humilde, es también valiente y decidido hasta derramar su sangre. ¡Juan Bautista es un gran hombre!, el mayor de los nacidos de mujer, así lo elogiará Jesús; pero solamente es el precursor de Cristo.

Quizás el secreto de su grandeza está en su conciencia de saberse elegido por Dios; así lo expresa el evangelista: «El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1,80). Toda su niñez y juventud estuvo marcada por la conciencia de su misión: dar testimonio; y lo hace bautizando a Cristo en el Jordán, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto y, al final de su vida, derramando su sangre en favor de la verdad. Con nuestro conocimiento de Juan, podemos responder a la pregunta de sus contemporáneos: «¿Qué será este niño?» (Lc 1,66).

Todos nosotros, por el bautismo, hemos sido elegidos y enviados a dar testimonio del Señor. En un ambiente de indiferencia, san Juan es modelo y ayuda para nosotros; san Agustín nos dice: «Admira a Juan cuanto te sea posible, pues lo que admiras aprovecha a Cristo. Aprovecha a Cristo, repito, no porqué tú le ofrezcas algo a Él, sino para progresar tú en Él». En Juan, sus actitudes de Precursor, manifestadas en su oración atenta al Espíritu, en su fortaleza y su humildad, nos ayudan a abrir horizontes nuevos de santidad para nosotros y para nuestros hermanos.

REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

Camino de una vida digna

Buenos días, amigo/a.

El Decálogo es la Carta Magna de la dignidad humana, una clara prueba del amor de Dios. Si analizas el decálogo al resplandor de esta luz, descubrirás que Dios te ama y busca tu paz, equilibrio y felicidad. Cuando nos ponemos con sinceridad frente a la ley de Dios, surge una convicción interior terminante: “¡Sí, así debe ser una vida digna!”

Alcanzan una vida digna quienes no se dejan atrapar “por otros dioses”, (tan abundantes en la vida moderna); los que siguen respetando el nombre de Dios; los que gozan dando un espacio semanal a la tarea de levantar la vista al cielo y sentirse resucitados; los que saben ubicar la relación de amor a la que se refiere el 4º, 6º y 9º mandamientos en el marco del Amor con mayúscula; los que se sienten más vivos promoviendo la vida; los que no sólo respetan los bienes ajenos sino que comparten los propios; los que se comunican con el prójimo sin doblez ni hipocresía. Pensemos qué paraíso sería esta vida si tuviésemos en cuenta esos “diez indicadores” de felicidad. (Aportes).

Los semáforos, las barreras en el paso a nivel, las ordenanzas que regulan la vida en una ciudad, no están en contra del ciudadano sino a favor de él. Amigo/a, piensa con madurez y sensatez: el Decálogo es para el bien del hombre. Dios no quiere limitar tu libertad, sino liberarte de las pasiones y caprichos. ¡Alabemos la bondad del Señor! P. Natalio.

Santoral del Día:  SAN JUAN BAUTISTA- SU NACIMIENTO


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