miércoles, 1 de junio de 2022

EVANGELIO DEL DIA JUEVES 2 DE JUNIO DE 2022

SI QUIERES ESCUCHAR ESTE MISMO EVANGELIO, HAZ CLIC EN EL SIGUIENTE ENLACE Y ENCIENDE PARLANTES


https://youtu.be/HFUfEYJcBWA


JUEVES 7 DE PASCUA


Texto del Evangelio (Jn 17,20-26): En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.


»Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos».

«Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí»


P. Joaquim PETIT Llimona, L.C.

(Barcelona, España)

Hoy, encontramos en el Evangelio un sólido fundamento para la confianza: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí» (Jn 17,20). Es el Corazón de Jesús que, en la intimidad con los suyos, les abre los tesoros inagotables de su Amor. Quiere afianzar sus corazones apesadumbrados por el aire de despedida que tienen las palabras y gestos del Maestro durante la Última Cena. Es la oración indefectible de Jesús que sube al Padre pidiendo por ellos. ¡Cuánta seguridad y fortaleza encontrarán después en esta oración a lo largo de su misión apostólica! En medio de todas las dificultades y peligros que tuvieron que afrontar, esa oración les acompañará y será la fuente en la que encontrarán la fuerza y arrojo para dar testimonio de su fe con la entrega de la propia vida.


La contemplación de esta realidad, de esa oración de Jesús por los suyos, tiene que llegar también a nuestras vidas: «No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que (...) creerán en mí». Esas palabras atraviesan los siglos y llegan, con la misma intensidad con que fueron pronunciadas, hasta el corazón de todos y cada uno de los creyentes.


En el recuerdo de la última visita de San Juan Pablo II a España, encontramos en las palabras del Papa el eco de esa oración de Jesús por los suyos: «Con mis brazos abiertos os llevo a todos en mi corazón —dijo el Pontífice ante más de un millón de personas—. El recuerdo de estos días se hará oración pidiendo para vosotros la paz en fraterna convivencia, alentados por la esperanza cristiana que no defrauda». Y ya no tan cercano, otro Papa hacía una exhortación que nos llega al corazón después de muchos siglos: «No hay ningún enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no le ayude la oración de Cristo. Ya que si ésta fue de provecho para los que se ensañaron con Él, ¿cuánto más lo será para los que se convierten a Él?» (San León Magno).


MEMORIAS Y REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

Querer con eficacia

 Buenos días, amigo/a.

“La virtud de la fortaleza es una firmeza interior que nos capacita para resistir y soportar las contrariedades, sufrimientos, cansancios. Nos permite perseverar en las cosas buenas cuando se vuelven difíciles. También nos ayuda a superar la pereza, la flojera o la desgana cuando no tenemos deseos de emprender algún proyecto o de realizar una acción buena”.

Señor, no puedo luchar más... Por eso vengo a orar... Vengo a decirte lo que yo querría, a exponerte el estado de mi corazón, pero no de mi corazón con sus imperfecciones, con sus apegos desordenados, sino de mi corazón, como él querría ser, como tú querrías que fuese, como tú lo sueñas: sencillo, leal, fiel... Haz de este corazón que querría, un corazón que quiere. Inspírame tu fuerza, para que se levante y se atreva, para que se obstine. Dame el gozo embriagador de querer con eficacia, sencillamente porque tú lo deseas, y porque es hermoso y bueno vencerse para que se haga tu voluntad.

Ojalá que, por propia experiencia, tengas la certeza que el mejor descanso, ese oasis interior de paz que necesitas al fin del día, son los brazos divinos del Señor. Allí está “la verde pradera donde recostarte, de él fluye la fuente tranquila que repara tus fuerzas agotadas” (Sal 23). La oración es la llave para cerrar sabiamente la jornada.  P. Natalio.


Santoral del Día: SAN FELIX DE NICOSIA



https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=161


No hay comentarios:

Publicar un comentario