sábado, 4 de febrero de 2023

EVANGELIO DEL DIA DOMINGO 5 DE FEBRERO DE 2023

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https://youtu.be/MR_YuIXSh5g


DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO


Texto del Evangelio (Mt 5,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

«Vosotros sois la luz del mundo»


Rev. D. Josep FONT i Gallart

(Getafe, España)

Hoy, el Evangelio nos hace una gran llamada a ser testimonios de Cristo. Y nos invita a serlo de dos maneras, aparentemente, contradictorias: como la sal y como la luz.

La sal no se ve, pero se nota; se hace gustar, paladear. Hay muchas personas que “no se dejan ver”, porque son como “hormiguitas” que no paran de trabajar y de hacer el bien. A su lado se puede paladear la paz, la serenidad, la alegría. Tienen —como está de moda decir hoy— “buenas radiaciones”.

La luz no se puede esconder. Hay personas que “se las ve de lejos”: Santa Teresa de Calcuta, el Papa, el Párroco de un pueblo. Ocupan puestos importantes por su liderazgo natural o por su ministerio concreto. Están “encima del candelero”. Como dice el Evangelio de hoy, «en la cima de un monte» o en «el candelero» (cf. Mt 5,14.15).

Todos estamos llamados a ser sal y luz. Jesús mismo fue “sal” durante treinta años de vida oculta en Nazaret. Dicen que san Luis Gonzaga, mientras jugaba, al preguntarle qué haría si supiera que al cabo de pocos momentos habría de morir, contestó: «Continuaría jugando». Continuaría haciendo la vida normal de cada día, haciendo la vida agradable a los compañeros de juego.

A veces estamos llamados a ser luz. Lo somos de una manera clara cuando profesamos nuestra fe en momentos difíciles. Los mártires son grandes lumbreras. Y hoy, según en qué ambiente, el solo hecho de ir a misa ya es motivo de burlas. Ir a misa ya es ser “luz”. Y la luz siempre se ve; aunque sea muy pequeña. Una lucecita puede cambiar una noche.

Pidamos los unos por los otros al Señor para que sepamos ser siempre sal. Y sepamos ser luz cuando sea necesario serlo. Que nuestro obrar de cada día sea de tal manera que viendo nuestras buenas obras la gente glorifique al Padre del cielo (cf. Mt 5,16).


MEMORIAS Y REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

El águila y la zorra

Buenos días, amigo/a

La fidelidad es un valor que hoy por hoy anda rebajado y atenuado. No hay compromisos firmes. No pocos cambian de esposa como se deja una camiseta por otra. Señal de inmadurez e inconsistencia. Madurez es la capacidad de tomar una decisión y sostenerla. Los inmaduros pasan sus vidas explorando posibilidades para al fin no hacer nada. Madurez significa confiabilidad, mantener la propia palabra, superar las crisis.

Un águila y una zorra que eran amigas decidieron vivir juntas para ayudarse. El águila eligió un árbol elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra crio a sus hijos bajo unas zarzas junto al mismo árbol. Un día la zorra salió a buscar alimento. El águila, acosada por el hambre, bajó a las zarzas, atrapó los zorritos y con sus crías se dieron un banquete. Al regresar la zorra, le dolió más no poder vengarse que la muerte de sus pequeños. ¿Cómo podría ella alcanzar a un ave voladora? Se consoló maldiciendo de lejos a su ahora enemiga. Al poco tiempo mientras unos pastores sacrificaban una cabra, el águila cayó sobre ella y se llevó una víscera humeante, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento que transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también los aguiluchos que aún no sabían volar. Cayeron al suelo, la zorra corrió y se los devoró uno tras otro, ante los ojos de su enemiga.

En la base de esas decisiones firmes que dan continuidad a los esfuerzos, hay siempre serias y sólidas motivaciones. Esto requiere tiempo de reflexión para medir el alcance del compromiso, la propia capacidad de superar crisis, y el auténtico valor de la meta que nos atrapa y entusiasma. Es el precio del crecimiento y la madurez. Pero vale la pena. P. Natalio.


Santoral del Día:  SANTA AGUEDA



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