jueves, 5 de noviembre de 2020

Evangelio del Día Viernes 6 de noviembre de 2020

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https://youtu.be/pn5gqhskqM0


Viernes XXXI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 16,1-8): En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’.


»Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. Él le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.


»El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz».

«Los hijos de este mundo son más astutos (...) que los hijos de la luz»


Mons. Salvador CRISTAU i Coll Obispo Auxiliar de Terrassa

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos presenta una cuestión sorprendente a primera vista. En efecto, dice el texto de san Lucas: «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente» (Lc 16,8).


Evidentemente, no se nos propone aquí que seamos injustos en nuestras relaciones, y menos aún con el Señor. No se trata, por tanto, de una alabanza a la estafa que comete el administrador. Lo que Jesús manifiesta con su ejemplo es una queja por la habilidad en solucionar los asuntos de este mundo y la falta de verdadero ingenio por parte de los hijos de la luz en la construcción del Reino de Dios: «Los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz» (Lc 16,8).


Todo ello nos muestra —¡una vez más!— que el corazón del hombre continúa teniendo los mismos límites y pobrezas de siempre. En la actualidad hablamos de tráfico de influencias, de corrupción, de enriquecimientos indebidos, de falsificación de documentos... Más o menos como en la época de Jesús.


Pero la cuestión que todo esto nos plantea es doble: ¿Acaso pensamos que podemos engañar a Dios con nuestras apariencias, con nuestra mediocridad como cristianos? Y, al hablar de astucia, tendríamos también que hablar de interés. ¿Estamos interesados realmente en el Reino de Dios y su justicia? ¿Es frecuente la mediocridad en nuestra respuesta como hijos de la luz? Jesús dijo también que allí donde esté nuestro tesoro estará nuestro corazón (cf. Mt 6,21). ¿Cuál es nuestro tesoro en la vida? Debemos examinar nuestros anhelos para conocer dónde está nuestro tesoro... Nos dice san Agustín: «Tu anhelo continuo es tu voz continua. Si dejas de amar callará tu voz, callará tu deseo».


Quizás hoy, ante el Señor, tendremos que plantearnos cuál ha de ser nuestra astucia como hijos de la luz, es decir nuestra sinceridad en las relaciones con Dios y con nuestros hermanos. «En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre bien y mal (…). En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse» (Benedicto XVI).


REFLEXIONES DEL PADRE NATALIO:

No preguntes

Buenos días, amigo/a.

Por la vida te puedes encontrar con personas desorientadas, atormentadas, o derrotadas… ¿Cómo conducirte con ellas? ¿Cuál es el modo de ayudarlas de verdad, evitando darles un empujón para precipitarlas más adentro de su caverna? Aquí te ofrezco una forma positiva y estimulante de alentarlas, serenarlas, llenarlas de nueva esperanza.

A esos que hacen un caos de su vida no les preguntes qué causa su confusión... Mejor, enséñales el rostro sosegado de tu fe, y el fluir constante de tu serenidad. Al que anda dolido y agotado con su cruz, no le preguntes por qué le pesa tanto... Mejor, ponlo en capacidad de que Dios se irradie sobre él... Y ya poco a poco irá llegando la luz. Al que se resiste a seguir, y se siente vencido, no le andes por las normas, las deducciones y los raciocinios... Mejor, dale la mano, y dile:"¡Voy contigo!". No le preguntes a cada uno su necesidad... Mejor, demuéstrales que siempre hay un sueño más asombroso que su mala suerte.

Don Bosco practicaba esta metodología: hablaba a niños y jóvenes más de la belleza de la virtud que de la negrura del vicio. Se trata de abrir horizontes, de entrever la alegría de las cumbres alcanzadas con pequeños pasos cada día, de informarse que hay quienes ya disfrutan la corona conquistada. Es también adecuado para conducirte a ti mismo. P. Natalio.


Santoral del Día:  SAN LEONARDO



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